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 9 y 10 de Julio de 1882 Combate de la Concepción

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MensajeTema: 9 y 10 de Julio de 1882 Combate de la Concepción   Sáb 10 Jul 2010, 20:50

Combate de La Concepción


El Combate de la Concepción, es uno de los hechos de armas más valorados y recordados en Chile. Se produjo en la llamada Guerra del Pacífico, en la
Campaña de la Sierra, el periodo más salvaje de la contienda. Un puñado de chilenos, 77 en total, combatieron durante diecinueve horas apoyados en un
pequeño cuartel a más de mil quinientos enemigos entre soldados de línea e indios serranos. También es recordado en el Perú por la historia del pequeño
poblado, que hasta hoy se mantiene invicto ante el enemigo.




En los primeros meses del año de 1882 hubo varios intentos por acabar con la resistencia peruana, pero cada uno de ellos fracasó rotundamente. La falta de

recursos para sus soldados, que no contaban con lo mínimo para sobrevivir, obligándolos a recurrir a lo que pudieran encontrar en cada poblado que

habitaban para su alimentación y obligando a dichos lugareños a pagar un cupo d guerra para la mantención de las tropas, comenzó poco a poco a

levantar el ánimo indígena contra Chile, y aunque tenían órdenes desde Lima de tratar amigablemente a los indígenas para evitar se unieran a Cáceres, la

necesidad, el hambre y en algunos casos la ambición, fueron más fuertes, creando así ellos mismo uno de los enemigos más sanguinarios que enfrentarían.

Cada día que transcurría menguaba más al Ejército chileno, victima de las distintas enfermedades que contraían los soldaos. El Tifus era el más mortal

enemigo para las guarniciones que ocupaban los distintos poblados, y aunque existieron pequeños enfrentamientos contra las fuerzas peruanas, las pérdidas

por enfermedad eran inmensamente superiores. El alto mando chileno estaba alarmado, y pedía diariamente a las autoridades chilenas la orden para

abandonar la sierra, pero el Gobierno chileno restaba importancia a las noticias. Era muy fácil para ellos, sentados en sus escritorios a miles de kilómetros

de la Guerra, decidir que aún no era tiempo, que eran noticias infundadas y que los soldados chilenos serían capaces de soportar esas penurias y muchas

más.

No se daban cuenta del real estado de las tropas, muchos de los cuales, con sus uniformes andrajosos y con hojotas, hechas con los restos de sus botas, debían

soportar las fiebres, el frío y el hambre. Muchos soldados vieron como última alternativa el desertar.

La situación llegó a ser insostenible para los chilenos, lo que obligó al Coronel Del Canto, jefe de la División chilena, partir a Lima para solicitar

personalmente la orden de retirada. Los hechos relatados por este al General Lynch causaron alarma. Las tropas necesitaban nuevos uniformes y carecían de

mantas que les proporcionaran el abrigo necesario, para las continuas lluvias y nevadas que debían soportar. Muchos estaban muriendo congelados.

Los hospitales sanitariamente eran poco aptos, pues las medicinas escaseaban y los practicantes no daban abasto para la cantidad de enfermos, que caían

victima de Tifus y Viruela.

Solo luego del envío de un medico de confianza del ministro chileno Novoa, el cual le corroboró y aumentó todo lo que había narrado Del Canto, fue

autorizada la orden de evacuar la Sierra por las tropas chilenas.

En un principio, solamente debía acortarse la línea de ocupación, partiendo por la evacuación de Huancayo, que era el cuartel General chileno.

Dicha noticia, que trato de mantenerse en completo secreto, no tardo en llegar a oídos de General peruano Andrés A. Cáceres, quien vio en esto una

oportunidad de exterminar las guarniciones chilenas, empezando a crear un plan de ataque contra sus enemigos.

A fines de junio el cuartel peruano estaba apostado en el pueblo de Izcuchaca, ubicado al sur de Huancayo. Cáceres planeaba encerrar a los chilenos en su

retirada, evitando así que se juntaran las distintas guarniciones y cortando toda posibilidad de comunicación con Lima, para lo cual, envía al Coronel

Máximo Tafur hacia el norte al poblado de Oroya, destruir la guarnición existente en el lugar y cortar el puente, para así evitar cualquier vía de escape del

enemigo.

Da órdenes al Coronel Juan Gastó se dirigiera con la División Vanguardia, que estaba compuesta por los Batallones Pucará N º 4, América y las columnas

Libres de Ayacucho hasta el pueblo de Comas donde se le unirían las Montoneras del lugar que estaban comandadas por Ambrosio Salazar. Una vez

reunidos, debería exterminar la guarnición chilena apostada en el lugar, que solo constaba de un puñado de hombres.


Mientras el General Cáceres con el resto de sus tropas caería sobre la 4º Compañía del Batallón Santiago apostada en Marcavalle.

Todo estaba preparado, el ataque debía comenzar en la madrugada del día domingo 9 de julio de 1882, en las tres destinaciones al mismo tiempo, para así

evitar que las tropas chilenas se refuercen, ya que estas, comenzaban su marcha el mismo día.

El primero en atacar fue la División comandada por el General Cáceres, cayendo sobre los chilenos en Marcavalle a las 5 A. M. del día estipulado.

Mientras tanto en el poblado de Concepción, ubicado a 24 kilómetros al norte de Huancayo, la guarnición chilena compuesta por 73 soldados y cuatro

oficiales al mando del Teniente Ignacio Carrera Pinto, acompañados por tres cantineras, mujeres que seguían a los soldados, una de las cuales estaba en un

avanzado estado de embarazo y un pequeño niño de cinco años, arreglaban sus pertenencias para partir, ya que en cualquier momento debería pasar el

grueso del Ejército a recogerlos, como se lo había comunicado el Coronel Estanislao del Canto el día anterior.



El Teniente Ignacio Carrera Pinto era un jefe que había demostrado serenidad y valor en la batalla de Tacna, en la cual participó como subteniente del

Regimiento Esmeralda y en las Batallas de Chorrillos y Miraflores, donde actuó como secretario de Comandante del Regimiento Chacabuco 6º de Línea, al

cual había sido asignado. Siempre llevó con orgullo el legado que le dejara su abuelo José Miguel Carrera Verdugo, uno de los principales Héroes de la

Independencia de Chile.

Al amanecer el subteniente Arturo Pérez Canto, segundo al mando, ordena formar la tropa para pasar lista, siendo esta una acción rutinaria. Se cuentan en

la fila a 65 hombres, incluidos los oficiales. Los once restantes se encontraban en la improvisada enfermería victimas de tercianas y altas fiebres.

Le llama la atención al Teniente Carrera Pinto el silencio que cubre el pueblo esa mañana. Muchos de los residentes no se encontraban en el lugar como de

costumbre, pero atribuyó todo esto a que esa gente era muy creyente y como era día domingo habían dirigido sus pasos hacia el templo de Santa Rosa de

Ocopa para escuchar misa.

Nada le hacía presagiar que los enemigos ya los observaban.

La mañana transcurrió en completa normalidad para los chilenos, mientras las fuerzas del Coronel Gastó se incrementaban con las montoneras de Comas y

se aprestaba a atacar a la compañía del Chacabuco en Concepción.

De pronto se comienza a escuchar los gritos de los vigías chilenos que anunciaban la presencia de las tropas enemigas. Cientos de hombres se descolgaban

desde los cerros con destino al poblado. El grito de alarma hizo al Teniente Carrera Pinto reunir a sus hombres, acudiendo también los soldados enfermos,

entre los cuales se encontraba el subteniente Julio Montt. Estos al ser reprendidos por el jefe de la guarnición por haberse levantado, se justifican diciendo

que no podían quedarse acostados mientras sus compañeros se enfrentaban al enemigo, y que preferían morir en combate que ser muertos en su lecho de

enfermos. Carrera Pinto, comprendiendo que sus argumentos eran válidos, les ordena mantenerse atrás de la tropa como reserva. Eran las 14.30 horas.

Gastó envía un parlamentario para hablar con el jefe de la guarnición chilena, exigiéndole rendición, para evitar así una masacre segura, ofreciéndole a

cambio todas las garantías de salvar sus vidas. El Teniente chileno no se demoró en responder negativamente a la propuesta. Pelearían hasta morir o en el

mejor de los casos hasta la llegada de las tropas que debían pasar a recogerlos ese mismo día. Esas mismas tropas que habían acudido en defensa de la

guarnición apostada en Marcavalle esa mañana, las mismas que atrasarían un día su partida, las mismas que no llegarían a tiempo.

La primera orden fue para un sargento y dos soldados. Debían apurar el paso y tratar de llegar a Huancayo en busca de refuerzos, pues sabía que sería una

lucha imposible frente a un enemigo inmensamente superior en número. Poco duró esa esperanza, pues dichos hombres cayeron acribillados antes de salir

del poblado, siendo luego de muertos rodeados por los indígenas y descuartizados, para luego pasar a adornar las puntas de sus lanzas con los restos de sus

cuerpos. La guerra tomaba ribetes salvajes.

No había muchas alternativas para proceder, por lo cual Carrera Pinto divide a sus hombres enviándolos a los cuatro costados de la plaza para tratar de

evitar así la entrada en masa del enemigo. Al comienzo dio resultado, las descargas de los fusiles daban en el fácil blanco que dejaban las montoneras que

atacaban desordenadamente. Los chilenos alternaban la carga de bayoneta y los disparos para ahorrar munición. Una hora pudieron sostener el salvaje

avance enemigo, siendo obligados por el constante empuje a volver al cuartel.

Se repitieran una tras otras las cargas de las montoneras enemigas, la misma cantidad de veces fuero obligadas a retroceder.

El Coronel Gastó, preocupado por la posibilidad de la llegada del resto del Ejército enemigo desde Huancayo, ordena a algunos de sus hombres ocupen los

puestos de vigía en el Cerro León y que no dejarán sin vigilancia ni por un segundo el camino de Huancayo.

Mucho se ha alargado el combate, el Coronel peruano jamás se imaginó tamaña resistencia. Eran alrededor de las 19:00 horas cuando ordena un alto al

fuego. Debía idear una forma de hacerlos salir del cuartel.

Ese repentino silencio hizo albergar esperanzas en los chilenos en la posibilidad de que los refuerzos llegaban y que por eso los peruanos comenzaban a

desaparecer.




Que equivocados estaban. Solo eran momentos de calma para atacarlos con más fuerza.

Los soldados peruanos acompañados por los lugareños comenzaban a ubicarse en los altos de las casas vecinas al cuartel chileno para proceder a

dispararles, siendo atacados también por el frente, dejándolos sin posibilidades de escape.

Carrera Pinto ordena una carga con el fin de liberar una salida, lanzándose con sus hombres a la bayoneta entre un tumulto de indígenas. En eso estaba

cuando un disparo que le atraviesa el brazo izquierdo lo hace caer, siendo recogido por sus hombres y se retiran al cuartel.

Los disparos desde las alturas no dieron el resultado esperado, lo que obligó al jefe peruano a pensar como podrían hacer salir a los chilenos del cuartel para

batirlos. La solución que se encontró era la de rociar el cuartel con líquidos inflamables y prenderle fuego, así el humo los obligaría a salir o en el mejor de

los casos morirían carbonizados.

No tardaron en ejecutar el plan. El cuartel en llamas no era seguro para sus ocupantes, por lo cual Se lanzan cargando sobre la indiada que los esperaba a

la salida. En dicha carga, el teniente Ignacio Carrera Pinto es herido de muerte junto a varios de sus hombres, obligando al resto a volver sobre sus pasos al

cuartel en llamas.

El diario peruano el Eco de Junín, se refiere a este hecho:

"Este jefe murió heroicamente defendiendo el puesto que le había sido confiado, dando ejemplo de valor a sus subalternos, que se batieron hasta el último

momento, haciendo frente a nuestros soldados que competían en arrojo y decisión con enemigos dispuestos a vender caras sus vidas; peruanos y chilenos

lucharon con denuedo y encarnizamiento."

Poco o nada se podía hacer, mientras tanto en el medio del combate, la cantinera chilena daba a luz a un varón dentro de un cuartel que se incendia y que

sofoca a todos sus moradores.



Muerto el teniente Ignacio Carrera Pinto, al mando de la 4º compañía queda ahora el subteniente Julio Montt Salamanca. Rodeados por el fuego, la

indiada y los disparos enemigos desde los techos colindantes muere este joven oficial de solo 18 años en la puerta del cuartel cargando a la bayoneta.


La noche ya había caído sobre el poblado y continuaba el combate. Los indígenas trataban de hacer forados en el cuartel para atacarlos desde allí o tratar de

ingresar al recinto. Los pocos defensores que quedaban cubrían los agujeros con los mismos cuerpos de sus enemigos que caían al tratar de entrar.




El Coronel Gastó se ve preocupado por la situación. Por un lado le desconcertaba lo que el consideraba una inútil resistencia de sus enemigos, pero también

veía con preocupación que los indígenas estaban prácticamente incontrolables, muchos de los cuales en el calor de la batalla se habían dedicado al saqueo

de algunas casas del lugar, entregándose a la ingesta de alcohol.



Ahora le toca el turno de mando al subteniente Arturo Pérez Canto quien con sus hombres se da maña para sostener el ataque hasta el amanecer. Aunque

sin esperanzas y cansado de tanto batallar, se lanza contra los enemigos siendo acribillado en el lugar.



Quedan solo cinco sobrevivientes. El subteniente Luis Cruz Martínez, joven que no llegaba a los 18 años de edad y cuatro soldados, todos ellos alentados por

las mujeres que los acompañaban. Se llegó a la conclusión de que ya no había más que hacer, solo restaba seguir los pasos de sus superiores y elevar una

plegaria para que las mujeres sean respetadas luego de la muerte de todos los soldados.

Sin municiones, sin alimentos, el joven oficial junto a sus soldados se lanza en pos de la muerte. Era el fin de la guarnición chilena apostada en

Concepción. Fueron brutalmente asesinados por la indiada, procediendo luego de darles muerte a desvestirlos, descuartizarlos y repartirse los restos como

trofeo. El coronel Gastó nada pudo hacer para controlar el furor de los montoneros.

Las mujeres y los niños no corrieron mejor suerte, siendo sacadas del cuartel aun humeante por la indiada descontrolada, arrastrándolos a la plaza, para

proceder a desvestirlas, matarlas y mutilarlas y usarlas de adorno en las puntas de sus lanzas. Aunque los oficiales peruanos trataron de detener esta

carnicería, nada pudieron hacer contra el ímpetu indígena.

Destruida la guarnición chilena tras más de diecinueve horas de combate las fuerzas peruanas abandonaban el poblado dejando tras ellos un pueblo

sembrado de cadáveres, sabían que el grueso del Ejército chileno estaba cerca. Su misión ya la habían cumplido. La guarnición chilena apostada en

Concepción había sido completamente aniquilada. Eran las 9:30 A. M. del día 10 de Julio de 1882.

El siguiente es el relato del soldado Marcos Ibarra D., del Batallón 2º de Línea a su llegada a Concepción:

"Llegamos a las seis de la tarde a la entrada del pueblo La Concepción. Mi Coronel Canto se sorprendió de que todas las habitaciones estuvieran cerradas y

no se veía un ser viviente. Hizo hacer alto la marcha y que cargáramos el rifle Comblain. Hizo avanzar a los Carabineros de Yungay a hacer un

reconocimiento a la plaza, antes de un minuto llegó un ayudante de campo diciendo que en la plaza se encuentra un cuadro horroroso de muertos, entonces

avanzamos y nos impusimos. Había perecido toda la 4º Compañía del Batallón Chacabuco 6º de Línea. Esos valientes hombres, se batieron hasta quemar

el último cartucho contra 2000 cholos serranos bien armados. Los chilenos pelearon del 9 hasta el 10 de julio. Un corneta, una mujer chilena con una

guagua estaban traspasados por balas, flechas y lanzas. Estas víctimas se encontraron en medio de los cadáveres."

Al llegar pocas horas después los hombres del Coronel Estanislao del Canto al poblado de Concepción, se dan cuenta de lo macabro del espectáculo ante sus

ojos. El cuartel aún humeante seguía consumiéndose por las llamas, encontrando en la plaza los restos mutilados de sus compañeros.

La caballería es enviada en persecución del enemigo con la orden indiscutible de no tomar prisioneros. No se salvó nadie que se haya atravesado en su

camino.

Las casas de los ciudadanos que colaboraron con las tropas peruanas fueron incendiadas y sus dueños fusilados.

Mientras tanto en Concepción el comandante del regimiento Chacabuco don Marcial Pinto Agüero, al verse imposibilitado de llevar los cuerpos a Chile,

ordena extraer los corazones de los cuatro oficiales, los cuales reposan hoy en la Catedral de Santiago. Luego se prendió fuego a la iglesia, cuyos restos

sirvieron de sepultura para la 4º compañía, las mujeres y los niños que habían estado apostados en Concepción.

Visto los resultados de la defensa del poblado por la 4º Compañía del Chacabuco, el comandante de dicho Batallón, Coronel Marcial Pinto Agüero,

tomando como ejemplo a sus hombres, decreta la siguiente Orden del Día:

"Soldados del Ejército del Centro; Al pasar por el pueblo de Concepción, habéis presenciado el lúgubre cuadro de escombros humeantes, cuyos combustibles

eran los restos queridos de cuatro oficiales y setenta y tres individuos de tropa del batallón Chacabuco 6º de Línea. Militares de manos salvajes fueron los

autores de tamaño crimen; pero es necesario que tengáis entendido que los que defendían el puesto que se les había confiado, eran chilenos que, fieles al

cariño por su patria y animados por el entusiasmo de defender su bandera, prefirieron sucumbir antes que rendirse.

Amigos chilenos; si os encontráis en igual situación a la de los setenta y siete héroes de Concepción, sed sus imitadores; entonces agregareis una brillante

página a la historia nacional y haréis que la efigie de la patria se muestre una vez más con semblante risueño simbolizando en su actitud los hechos de sus

hijos.

Soldados: seguid siempre en el noble sendero del deber, con entusiasmo y abnegación; conservad la sangre fría y el arrojo de los Caupolicanes y Lautaros;

sed siempre dignos de vosotros mismos y habréis conseguido la felicidad de la Patria.

Chilenos todos: ¡Un hurra a la eterna memoria de los héroes de Concepción! "

El combate arrojó como un triunfo para las tropas peruanas comandadas por el valiente General Cáceres, y una muestra más de la decisión y patriotismo

del soldado chileno.




Actual monumento a los Heroes de La Concepción,ubicada en la Alameda en el corazón de Santiago de Chile.





LOS 77 DE LA CONCEPCIÓN

1. Capitán Ignacio Carrera Pinto 4ª Compañía
2. Subteniente Arturo Pérez Canto 4ª Compañía
3. Subteniente Julio Montt Salamanca 5ª Compañía
4. Subteniente Luis Cruz Martínez 6ª Compañía
5. Sargento 1º Manuel Jesús Silva 4ª Compañía
6. Sargento 2º Clodomiro Rosas 4ª Compañía
7. Cabo 1º Gabriel Silva 4ª Compañía
8. Cabo 1º Carlos Segundo Morales 4ª Compañía
9. Cabo 1º Juan Ignacio Bolívar 4ª Compañía
10. Cabo 2º Pedro Méndez 4ª Compañía
11. Cabo 2º Plácido Villarroel 4ª Compañía
12. Soldado Tiburcio Chandía 4ª Compañía
13. Soldado Amador Gutiérrez 4ª Compañía
14. Soldado Juan Ferra 4ª Compañía
15. Soldado Pedro N. Zúñiga 4ª Compañía
16. Soldado Pablo Ortega 4ª Compañía
17. Soldado Avelino Olguín 4ª Compañía
18. Soldado José Martín Espinoza 4ª Compañía
19. Soldado Pablo Trejos 4ª Compañía
20. Soldado José Félix Valenzuela 4ª Compañía
21. Soldado Agustín Molina 4ª Compañía
22. Soldado Rafael Otárola 4ª Compañía
23. Soldado Félix Contreras 4ª Compañía
24. Soldado Enrique Reyes 4ª Compañía
25. Soldado Federico Sepúlveda 4ª Compañía
26. Soldado Francisco Escalona 4ª Compañía
27. Soldado José Argomedo 4ª Compañía
28. Soldado Juan Bautista Muñoz 4ª Compañía
29. Soldado Abelardo Silva 4ª Compañía
30. Soldado Efraín Encina 4ª Compañía
31. Soldado Vicente Muñoz 4ª Compañía
32. Soldado Emilio Correa 4ª Compañía
33. Soldado Mariano González 4ª Compañía
34. Soldado Pedro Moncada 4ª Compañía
35. Soldado Ángel Agustín Muñoz 4ª Compañía
36. Soldado Juan Hinojosa 4ª Compañía
37. Soldado Eduardo Aranís 4ª Compañía
38. Soldado Manuel Antonio Martínez 4ª Compañía
39. Soldado José Arias 4ª Compañía
40. Soldado Emilio Rubilar 4ª Compañía
41. Soldado Máximo Reyes 4ª Compañía
42. Soldado Pedro Lira 4ª Compañía
43. Soldado Erasmo Carrasco 4ª Compañía
44. Soldado Estanislao Rosales 4ª Compañía
45. Soldado Emigdio Sandoval 4ª Compañía
46. Soldado Estanislao Jiménez 4ª Compañía
47. Soldado Juan Bautista Campos 4ª Compañía
48. Soldado Florencio Astudillo 4ª Compañía
49. Soldado Pablo Guajardo 4ª Compañía
50. Soldado José Saldoval 4ª Compañía
51. Soldado Juan Bautista Jofré 4ª Compañía
52. Soldado Manuel Contreras 4ª Compañía
53. Soldado Rudencio Zúñiga 4ª Compañía
54. Soldado Hipólito Utreras 4ª Compañía
55. Soldado Manuel Rivera 4ª Compañía
56. Soldado Agustín Segundo Sánchez 4ª Compañía
57. Soldado Lorenzo Aceitón 4ª Compañía
58. Soldado Gregorio Maldonado 4ª Compañía
59. Soldado Bonifacio Lagos 4ª Compañía
60. Soldado Manuel Jesús Muñoz 4ª Compañía
61. Soldado Bernardo Jaque 4ª Compañía
62. Soldado Lindor González 4ª Compañía
63. Soldado Toribio Morán 4ª Compañía
64. Soldado Lorenzo Serrano 4ª Compañía
65. Soldado Luis González 4ª Compañía
66. Soldado Lorenzo Torres 4ª Compañía
67. Soldado José del Carmen Sepúlveda 4ª Compañía
68. Soldado Lorenzo Jofré 1ª Compañía
69. Soldado Juan D. Rojas Trigo 2ª Compañía
70. Soldado José Jerónimo Jiménez 2ª Compañía
71. Soldado Francisco Contreras 3ª Compañía
72. Soldado Pablo González 5ª Compañía
73. Soldado Zenón Ortiz 6ª Compañía
74. Soldado José Miguel Pardo 6ª Compañía
75. Soldado Juan Montenegro 6ª Compañía
76. Soldado Casimiro Olmos 6ª Compañía
77. Soldado Pedro González 1ª Compañía del Batallón Lautaro




Letra:
La muerte llegó viajando
en forma de montonera
llegó cuando ya la tarde
estaba vestida de piedra
luces que se perdían
y ennegrecían mi sierra.

Setenta y seis Chacabucos formaban la guarnición
Ignacio Carrera Pinto,
su jefe, su alma, su corazon
la muerte estaba invitada esa tarde
invitada a la Concepción
desnuda está la noche
la sierra está llorando
y una bandera en lo alto
está por sus hijos flameando.

El tiempo se fue escurriendo
mientras la aurora venía
y sus pechos florecieron
en rojo vivo que ardía
muy pocos iban quedando
en esa lenta agonía
sus ojos miraban fieros
llenos de rabia y dolor
y si hay que morir peleando
que sea con gloria y honor
A LA CARGA CHACABUCO
la sierra se estremeció.

El sol salió cansado
la Concepción callada
nuestra bandera muy sola
hecha girones flameaba.

La Batalla de la Concepción
Willy Bascuñan
Los Cuatro Cuartos


Orgullosos saludos

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