CHILE * DEFENSA

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  Brigadier Juan Mackenna O’Reilly

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Localización : EN DESIERTO DE ATACAMA
Fecha de inscripción : 25/07/2010

MensajeTema: Brigadier Juan Mackenna O’Reilly   Dom 25 Jul 2010, 17:12



El General Mackenna fue un hombre oriundo de las lejanas tierras de Irlanda, que puso su diestra espada y brillante intelecto a disposición del nuevo Estado chileno que pugnaba por su emancipación.

Juan Mackenna fue un soldado valeroso y tenaz, con conocimientos militares adquiridos en sus actuaciones en España, donde sirvió. Tenía por costumbre analizar las actuaciones de los grandes capitanes, tanto de las épocas pretéritas como contemporáneas, en particular de Napoleón y sus mariscales.

Pensaba Mackenna que para aprender cualquier arte y especialmente el de la guerra, debía comenzarse por el principio. Es decir, que para ser un buen General, el candidato debía ser primero un buen cadete o un buen soldado raso. Quien hubiese marchado con su mosquete al hombro y se hubiese identificado con su empleo en la lucha a la distancia y cuerpo a cuerpo y luego escalado los grados uno a uno, estaba en condiciones de llegar a ser un conductor de hombres en toda la extensión del vocablo.

Mackenna fue eso y mucho más. Llegaría a asemejarse plenamente con el pueblo de Chile, porque supo apreciar, en cada uno de sus hombres, un soldado de valer.

Nació en el pequeño pueblo irlandés de Cheghem, en el condado de Dublín, el 26 de octubre de 1771. Hijo de don Guillermo Mackenna y de doña Leonarda O’Reilly.

Creció en tiempos de crueles y terribles leyes penales, aplicadas por los ingleses por razones políticas y religiosas.

En consecuencia, los católicos irlandeses emigraban continuamente de su isla en busca de lugares más tolerantes, donde se pudiese trabajar y vivir en paz.

En 1782, abandonó también su terruño nativo y partió a España acompañado de su tío, el conde de O’Reilly.

Dos años después, a los 13 años de edad, ingresó a la Real Academia de Matemáticas de Barcelona, para seguir la carrera de ingeniería.

Pronto se destacó como un alumno de clara inteligencia, obteniendo notas sobresalientes en los diferentes ramos.

En 1787, siguiendo Juan Mackenna los dictados de su vocación militar, ingresó al Ejército español. Al joven futuro ingeniero de 16 años se le dio el grado de cadete. Como tal se embarcó con un regimiento destinado a Ceuta, en el norte de África, en el litoral de Marruecos.

Regresó con el grado de Subteniente y, luego de terminar sus estudios, se graduó de ingeniero militar en septiembre de 1791.

En octubre de 1796, después de haberse fogueado en las campañas del Rousillón, en Francia y en Ampurdán, en Cataluña, partió para América del Sur. En Lima presentó sus credenciales de ingeniero militar al Virrey don Ambrosio O’Higgins, con el que tuvo excelentes relaciones, producto de la sangre irlandesa de ambos.

En la capital peruana, tuvo a su cargo la restauración del famoso puente del Rímac, que permanecía semidestruido

Siguiendo las instrucciones de Ambrosio O’Higgins, partió a Osorno, dependiente, por aquellos años, del virreynato del Perú, al igual que el archipiélago de Chiloé. Allí debería dirigir una serie de obras, entre ellas un camino desde dicha villa al canal de Chacao, una tarea verdaderamente faraónica.

Nombrado Gobernador político y militar de Osorno, llevó a efecto la construcción del ya referido camino y dispuso la edificación de escuelas, cuarteles, molinos, curtidurías, etc.

Pronto, Mackenna adquirió un sólido prestigio. Para él no había obstáculos que no pudiesen ser zanjados. Su recia figura se hizo popular entre los colonos, quienes encontraron en el Gobernador un hombre sano, emprendedor, culto y ejecutivo. Siempre dispuesto a escuchar las peticiones que se le formulaban. Nunca serían defraudados, inclusive los más humildes.

El sucesor del Virrey O’Higgins, don Gabriel de Avilés, cortó el apoyo económico y todo enlace con las tierras osorninas y chilotas, provocando una verdadera hecatombe entre sus habitantes. De nada servirían las enérgicas protestas de Mackenna.

A mediados de 1808, el nuevo Virrey Abascal trasladó al irlandés a Santiago, quedando a las órdenes del Gobernador García Carrasco. Se estableció en la capital de Chile, donde contrajo matrimonio con doña Josefa Vicuña Larraín, una hermosa joven perteneciente a una acaudalada familia criolla (1809).

El matrimonio tuvo tres hijos: María del Carmen Dolores, nacida el 21.III.1812; Juan Francisco María del Tránsito (15.VIII.1813) y Félix, hijo póstumo (25.II.1815). Este último, nacido en pleno período de la Reconquista, aparece bautizado como ciudadano “español” . Esto, en cumplimiento a disposiciones de los realistas, luego de su triunfo de Rancagua y ocupación de Santiago.

Al declararse el movimiento independista de Chile en 1810, Juan Mackenna abrazó la causa de los patriotas. Desde esos días lo unió una estrecha amistad con Bernardo O’Higgins, hijo de quien fuera su noble y querido amigo, don Ambrosio.

En carta de Mackenna a Bernardo O’Higgins, fechada el 20.II.1811, le recalca -con una doble intención- numerosas ideas y proyectos que tenía don Ambrosio para transformar a Chile en un país de floreciente porvenir.

De ahí que Bernardo O’Higgins hiciera suyas muchas de las inquietudes de su progenitor, llevándolas a la práctica con un tesón verdaderamente asombroso.

Desde 1811 a 1814 prestó los más importantes servicios a la causa de la Patria Vieja. Ya con fecha 26.X.1810, el Cabildo le había nombrado miembro de una comisión destinada a elaborar un plan de defensa del territorio nacional. Dicho plan, redactado casi exclusivamente por el Capitán de Ingenieros, contenía la totalidad de los puntos básicos para el resguardo de la soberanía de un nuevo Estado.

El apellido de Mackenna comenzaría a figurar, desde entonces, con características de líder: Gobernador de Valparaíso (28.I.1811); Comandante General de Ingenieros (12.III.1811); integrante de la Junta de Gobierno 04.IX.1811); Comandante General de Artillería (11.IX.1811), en cuya cargo recibió oficialmente su despacho de Coronel graduado.

Sin embargo, el 15 de noviembre del mismo año, sería destituido del mando de la Artillería por el Brigadier José Miguel Carrera, por razones de política contingente.

Mackenna fue condenado al exilio en Argentina por tres años, pena conmutada por reclusión en la hacienda de Catapilco.

Con motivo de la Expedición Restauradora del Brigadier español José Antonio Pareja, a comienzos de 1813, hubo amnistía y reconciliación ante el peligro común.

Mackenna fue nombrado por la “Junta Representativa de la Soberanía de Chile”, Cuartel Maestre General del Ejército del Sur (15.IV.1813).

Como tal, participó en numerosas acciones de guerra, obteniendo el empleo de “Brigadier de las tropas del Estado” (20.IV.1814)

Al mes siguiente fue uno de los signatarios del Tratado de Lircay, junto con Bernardo O’Higgins, acto que le traería desastrosas consecuencias.

Siendo Comandante General de Armas de Santiago, se produjo la toma del poder por el Brigadier José Miguel Carrera y sus hermanos (23.VII.1814), Mackenna fue apresado en el pajar de la casa de don José Antonio Valdés y deportado a la provincia de Cuyo. Sus bienes fueron confiscados.

Luego del desastre de Rancagua y éxodo de los patriotas a Cuyo, Mackenna se trasladó a vivir a Buenos Aires. Fue su último destino. Volviendo atrás en el detalle de su actuación militar en Chile, recordaremos que su primera acción de guerra en las filas chilenas fue el Combate nocturno de Yerbas Buenas (26-27.IV.1813). Para ambos contendores resultó una sorpresa.

Un destacamento patriota de 600 hombres al mando del Coronel Juan de Dios Puga creyó atacar en una obscura noche sólo a 300 jinetes del hábil Coronel Elorreaga. No obstante cayó, en realidad, sobre el total del Ejército del Brigadier Pareja. Este, a su vez, se imaginó que era atacado por el Ejército patriota en masa.

En consecuencia, Pareja se repliega combatiendo, abandonando su artillería. Al amanecer, ambos contendores se dan cuenta de sus respectivos errores de apreciación.

Los patriotas deben retirarse, mas habían logrado provocar la desmoralización entre los realistas y la huída de las milicias de caballería. Pareja ordenó la persecución, que no pasó más allá del Maule, línea que fue abandonada por Carrera a pesar de las recomendaciones de Mackenna en el sentido contrario, por cuanto presumía que habría deserciones, hecho que ocurrió.

Poco después se produjo el Combate de San Carlos (15.V.1813), en que los patriotas, con gran valentía, cargaron repetidas veces contra las posiciones realistas, aunque desordenadamente.

Juan Mackenna se batió en esta oportunidad junto a O’Higgins con gran resolución. Sin embargo, los reclutas chilenos debieron retirarse, haciéndolo en última instancia el irlandés, protegiendo el repliegue.

Posteriormente, durante el sitio de Chillán, Mackenna fue informado que en la hacienda Cucha-Cucha se concentraban tropas enemigas.

Acto continuo marchó Mackenna al frente de 300 fusileros, 40 dragones, 2 piezas de artillería y varios oficiales de milicias hacia Cucha-Cucha.

Al llegar a la hacienda, se encontraron las casas vacías. El adversario había pasado oportunamente el Ñuble.

Luego de una infructuosa persecución, Mackenna ordenó replegarse para restituirse al campo patriota. Durante esta marcha, fueron atacados a la altura de Cucha-Cucha (23.II.1814), originándose un violento combate.

Obligados los realistas a retirarse por decididas cargas del Comandante Bueras y el Sargento Mayor Gregorio de las Heras, quedaron los patriotas dueños de la situación.

En el parte redactado por el Coronel Juan Mackenna, expresa: “Los jefes de los cuerpos, oficialidad y tropa se portaron con la mayor intrepidez y mi segundo, el Coronel Del Alcázar, me auxilió infinito, particularmente durante la decida maniobra de mudar de posición bajo el fuego del enemigo”.

Como su actuación más destacada debe considerarse el Combate de Membrillar (20.III.1814), que puede ser reconocido como una de las operaciones defensivas más sobresalientes de la guerra de nuestra Independencia.

Mackenna eligió el terreno donde haría frente a las fuerzas muy superiores del Brigadier Gainza. Desde su campamento de Membrillar envió mensajes a O’Higgins para que se le reuniera con sus tropas a fin de dar una batalla decisiva.

Previendo Mackenna que tendría que resistir sólo el ataque realista, había puesto en ejecución todos sus conocimientos técnicos-defensivos, producto de sus experiencias en África del Norte y estudios pertinentes.

El mismo Mackenna, en carta a O’Higgins, fecha el 27.II.1814, le decía: “Nada temo de todos los esfuerzos del enemigo. El campamento está cubierto por tres respetables reductos; tengo víveres para muchos días y acopiado paja y trigo para los animales, en el caso que la numerosa caballería enemiga intente cercar el campamento, que puede efectuar, por la total falta de caballos de esta División”.

Las posiciones que ocupaban las fuerzas de Mackenna eran en extremo ventajosas; situadas a las márgenes del río Itata, por cuyo lado un escarpado impedía todo acceso. Las tropas ocupaban tres colinas, coronadas cada una con un fuerte reducto, recíprocamente “flanqueados a menos de tiro de fusil”. En dos profundas quebradas, se había instalado un hospital y el ganado vacuno. Los reductos que protegían las alas derecha e izquierda estaban adelantados, por consiguiente, el enemigo quedaría expuesto durante todo el combate a la acción de un plan de fuego minucioso y mortífero, trayectorias rasantes y a media altura, frontales, cruzadas y flanqueantes.

Un no menos formidable plan de barreras completaba las defensas de Membrillar. Con sobrada razón, el propio Mackenna expresaba: “me persuado no se atreverán a atacar”.

Pero los españoles no se amilanan así no más, y atacaron…máxime cuando eran inmensamente superiores en número y medios.

Eran las 4 de la tarde de aquel 20 de marzo cuando un millar de fusileros se lanzaron al ataque, luego de haber roto el fuego sus cañones de artillería.

Desde un comienzo, los realistas pudieron aquilatar una verdadera lluvia de proyectiles que zumbaban desde todas las direcciones. De poco sirvieron sus cambios de movimientos y retiradas para reorganizarse y volver a embestir. Sus bajas eran considerables.

En un momento determinado Mackenna, a la cabeza de 60 AUXILIARES, del Coronel Marcos Balcarce, 80 VOLUNTARIOS DE LA PATRIA, con su Capitán Hilario Vial, la guerrilla del Comandante Santiago Bueras y 60 milicianos del Regimiento de RANCAGUA, dirigidos por el Coronel Agustín Armanza, hizo una salida a la bayoneta, el arma sicológica y terrible que el irlandés sabía que era avasalladoramente victoriosa.

Después de más de tres horas de lucha, volvió el enemigo a intentar un último y desesperado ataque para doblegar la resistencia de tan experimentados soldados. A las 8 de la noche, viendo nulos sus afanes impulsivos, siendo considerable el número de sus bajas y habiéndose desencadenado un furioso temporal de lluvia y viento, se retiraron derrotados los hombres de Gainza.

El mismo día 20, en la noche, el Coronel Mackenna comunicaba a Bernardo O’Higgins la feliz noticia, empezando la misiva en los siguientes términos: “Esta División acaba de dar un día de gloria a la patria…”
Al asumir Carrera como Presidente de la junta que sustituyó al Coronel Francisco de la Lastra, el General Juan Mackenna fue desterrado a las Provincias Unidas, en la ciudad de Buenos Aires. Su enemistad con los hermanos Carrera Verdugo era conocida ampliamente, e inclusive, figuraba firmando un fuerte documento acusatorio contra los miembros de aquella familia.

De ahí que un doloroso día fuera retado a duelo por Luis, el menor de los Carrera. Nadie, fuera de los padrinos y el médico, supo del lance de honor, hasta que éste fue consumado.

El 21 de noviembre de 1814, el último día de vida del Brigadier Juan Mackenna, lo pasó en el cuarto de la casa donde alojaba, leyendo tranquilamente.

Así lo manifestaron, posteriormente, los declarantes en la “Información seguida sobre el esclarecimiento de la muerte del Brigadier de Chile Juan Mackenna”.

Otro antecedente que quedó consignado en la investigación, fue que Celedonio, el criado de Mackenna, había estado ocupado esa tarde en “arreglar unas balas” de las pistolas de su amo.

Después de la oración, se vio salir a Mackenna montado elegantemente en su caballo. Dijo a sus conocidos que iba a Barrancas, donde estaba la casaquinta de su amigo y compatriota Guillermo Brown, el ilustre marino.

Su rostro sereno y sus flemáticos ademanes no hacían presumir la tragedia que se aproximaba.

A la hora convenida, estuvieron los duelistas en los extramuros de la ciudad de Buenos Aires, preparados para disparar sus armas.

De nada sirvieron las tentativas de sus padrinos, el Capitán Pablo Vargas por Mackenna, y Tomás Taylor, por Luis Carrera, para evitar el desafío. Se llegó a decir que no era costumbre batirse de noche y que debía esperarse a que amaneciese.

Se realizó, entonces, el ritual. Sonaron dos estampidos, pero ninguno de los proyectiles hirió a los contendientes. De nuevo los padrinos y el cirujano, don Carlos Hanford, trataron de dar por terminado el lance, por haber quedado probado el valor de ambos y satisfecho cualquier agravio.

A esto respondió Mackenna “que se estaría batiendo hasta el día siguiente”. A lo que contesto Carrera que seguiría “aunque durase tres días”

Mackenna y Carrera tomaron otras de sus pistolas y reanudaron el ceremonial. Esta vez se escucho sólo un tiro. El Brigadier Mackenna, que apuntaba cuidadosamente, no alcanzó a gatillar.

La bala de Luis Carrera le había dado de lleno bajo la barba, extendiéndose la herida hasta la clavícula izquierda y destruida la traquearteria. Previamente, el plomo impactó en la mano derecha, comprometiendo el dedo pulgar, el cordial y el anular.

El cuerpo sin vida quedó en el fondo de la quinta de Conde, donde fue hallado el día 22 de noviembre. Ese mismo día, una comisión médica examinó el cadáver del Brigadier Juan Mackenna en el “convento de nuestros Padres San Francisco”.

El día del entierro en la iglesia de Santo Domingo estuvieron presentes el padre prior del convento, el Coronel Guillermo Brown, fray Mariano Amaro, Antonio José Irisarri, los doctores Hipólito Villegas y Luis Borrego y otros amigos del ilustre desaparecido que le acompañaron cristianamente a su eterna morada.
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MensajeTema: Re: Brigadier Juan Mackenna O’Reilly   Dom 25 Jul 2010, 17:45

Junto al Teniente Coronel Eleuterio Ramírez son para mi uno de los personajes que más respeto me inspiran por su obra y significado para mi Osorno querido .

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