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 EL CRUCERO ESMERALDA Y SU MISIÓN EN EL ITSMO DE PANAMA (1885)

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demian2010
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MensajeTema: EL CRUCERO ESMERALDA Y SU MISIÓN EN EL ITSMO DE PANAMA (1885)   Sáb 22 Sep 2012, 13:16

El Crucero Esmeralda (3°)

Construí­do en astilleros W.G.Armstrong, Mitchell and Co. Ltd., de Low Walker, Inglaterra.
Su quilla fue puesta el 5 de abril de 1881. Lanzado al agua el 06 de junio de 1883. Las pruebas en la mar se ejecutaron el 15 de julio de 1884.
Llegó a Chile el 16 de octubre de 1884.

Fue el primer crucero protegido del mundo y el más rápido de su época. Su diseño del ingeniero y constructor naval George Rendel constituyó una revolución en la construcción naval que trajo enormes utilidades al astillero, ya que en el se basaron todos los cruceros construidos posteriormente por Armstrong, que dieron al final con el diseño de los acorazados.

Con el se estableció la velocidad como requisito básico de un buque de guerra y fue el primer buque de guerra en el mundo que abandonó la vela como sistema de propulsió. Tal fue el impacto de la construcción de este crucero, que con se abandonó definitivamente la vela en este tipo de buque y todos los paises del mundo trataron de imitar su diseño. El éxito fue tal que después de construir otros tres cruceros del mismo tipo, el Astillero se trasladó a Newcastle, upon Tyne, Elswick, desde donde, en un lapso de 18 años, se fabricaron 23 unidades de 19 tipos diferentes, para las Armadas italiana, argentina, japonesa, brasileña, norteamericana, portuguesa, turca y británica.

Los cañones de 10" eran de 20 calibres, estriados, y su carga pesaba 250 lbs. y el proyectil 450 lbs. Estaban montados en plataformas giratorias accionadas hidraulicamente, con una torrecilla donde se colocaba el apuntador. Los cañones de 6" iban en montajes simples, con protección de escudo en ambas bandas.

Tenía casco de acero con un espolñola a proa, dos chimeneas en lí­nea de crujía y dos mástiles. CarecÃía de doblefondo. Su cubierta protegida tenía un espesor de 1" sobre las santabarbaras, departamentos de máquinas y calderas y en sus extremos. La combinaciónn de cubierta protegida integral, complementada con subdivisiones celulares sobre ella, daba razonable protección a sus partes vitales, flotabilidad y estabilidad.

La flotabilidad se mejoraba rellenando con corcho los compartimientos hasta una altura de 5 a 6 pies, distancia comprendida entre la cubierta protegida y la cubierta de entrepuentes.

El único defecto era que tení­a un francobordo de 11 pies.

Su construcción fue financiada por erogación popular.

Su primer Comandante fue Luis Angel Lynch Irwing en 1884.

Vendido durante la guerra chino-japonesa, en 1895, al gobierno de Meiji de Japón, para lo cual se le trasladó a las Islas Galápagos donde se cambió bandera a la de Ecuador, país que hizo de intermediario para esta venta, el 15 de noviembre de 1894.

Arribó a Yokosuka el 5 de febrero de 1895 donde se le bautizó con el nombre de "Idzumi"

Refaccionado, se le reemplazaron los cañones de 10" por otros de 6" de tiro rápido y los de 6" por otros más livianos de 4.7", con lo que mejoraron sus condiciones marineras. Participó en la guerra chino-japonesa.

En mayo de 1905, durante la guerra ruso-japonesa, al mando del Capitán de Navi­o Ichiro Ishida se encontraba en la Tercera Escuadra del
Vicealmirante Shichiro Kataoka. A las 06.55 horas del dí­a 27, el "Idzumi " divisó a la Escuadra Baltica rusa. Durante la batalla naval de Tsushima mantuvo permanentemente informado al Almirante Togo, a bordo del buque insignia "Mikasa", de todos los movimientos del enemigo, quien pudo planear las operaciones que le dieron una aplastante victoria, gracias a los informes detallados que se le enviaban. Por la importancia de los informes enviados por el "Idzumi", el Almirante Togo le concedió el Diploma de mérito de Primera Clase.

Diseñado por George W. Rendel; artillera de Sir W.G.Armstrong.

http://www.armada.cl/prontus_armada/site/artic/20090720/pags/20090720024206.html



Pero el interés histórico de este buque esta en quizás, en la única vez que un país de este lejano lado del mundo puso en aprietos a la hoy principal potencia militar mundial, Estados Unidos. Años en donde el nombre de Chile era justificante en las discusiones del Congreso de este país para crear una flota de mar, que hasta hoy, no tiene rival.

Aquí les pego el artículo de Carlos Tromben, Capitán de Navío de la Armada de Chile, y publicado en la International Journal of Naval History, de Abril de 2002.

Vale la pena, darle el tiempo y leerlo.




PRESENCIA NAVAL. EL CRUCERO “ESMERALDA” EN
PANAMÁ
.

Carlos Tromben, Capitán de Navío




INTRODUCCIÓN

El 10 de abril de 1885 el crucero “Esmeralda” zarpó de Valparaíso en demanda de
Panamá. Después de reabastecerse en Callao, llegó a su destino el 28 del mismo mes
donde cumplió una misión poco difundida en nuestra historia naval. [1]

No se han encontrado antecedentes concretos sobre los orígenes de la misión que debió
cumplir, excepto lo escrito por su comandante el capitán de navío Juan Esteban López
Lermanda. Dice en un libro de recuerdos sobre la Guerra del Pacífico [2] que fue llamado
a presentarse ante el Presidente de la República Domingo Santa María González. En el
despacho presidencial se encontraba el Ministro de Relaciones Exteriores Luis Aldunate
quien le dijo que “el gobierno ha tenido sus razones para fijarse precisamente en Ud.
para el desempeño de la delicada comisión que le he comunicado y que se le va a
encomendar”
con lo cual fue prácticamente reincorporado al servicio activo después de
haber sido relevado del mando del blindado “Blanco Encalada” durante la Guerra del
Pacífico que había terminado pocos años antes. López no dice en qué consistía la misión
encomendada ni narra como la cumplió, tal vez porque su libro que está dedicado a
explicar solamente su actuación en dicho conflicto. Otro personaje de la época que se ha
referido a estos acontecimientos es el capitán de fragata Alberto Silva Palma [3] que más
tarde alcanzó el grado de contraalmirante.

Benjamín Vicuña Mackenna en un articulo sobre la Isla de Pascua, que no había sido
incorporada aún, se refiere a la rivalidad entre Chile y Estados Unidos [4]. Dice que el
puerto de Panamá fue ocupado “hace pocos días por una división de la armada de la
Federación del Norte”
. Se pregunta si la continua expansión estadounidense se detendrá
en ese punto. Se contesta si mismo expresando: “no lo sabemos a punto fijo, pero no ha
dejado de ser por esto un hecho previsor y laudable de que junto a los capotes grises de
los soldados de la Unión hayan aparecido (como en Chimbote) en la ciudad de Panamá
las chaquetas azules de nuestros marinos de la “Esmeralda” si más no sea como una
muda protesta”
. Estas aseveraciones, por su poca claridad y alusiones tangenciales y la
oscuridad que ha rodeado a este asunto, merecen una investigación más profunda.

LAS RELACIONES INTERNACIONALES DE CHILE EN LA ÉPOCA.

William Sater se ha referido extensamente a las relaciones entre su país y el nuestro en un
libro que lleva el sugestivo título “Chile y Estados Unidos. Imperios en Conflicto”[5]. En
el capítulo correspondiente al período que nos interesa, dice que Chile emergió de la
Guerra del Pacífico como una potencial amenaza para los Estados Unidos. En el congreso
de este país se decía periódicamente que los tres blindados chilenos (“Blanco”,
“Cochrane” y “Huáscar”) podían hundir con facilidad a los buques con casco de madera
de la Armada estadounidense. Terminada la guerra, se había sumado a los citados buques
el crucero protegido “Esmeralda”, de buena potencia de fuego e impresionante velocidad.
Una publicación estadounidense citada por Sater decía, en Agosto de 1885, poco después
de los sucesos de Panamá, que este últimopuede destruir nuestra Armada completa,
buque por buque, y no ser tocado nunca
. En esa época se desempeñó como comandante
de buque en el Pacífico sudamericano el capitán de navío Alfred Mahan. De sus
experiencias, lecturas y análisis saldría más tarde su libro “La influencia del Poder Naval
en la Historia”
, una obra de gran trascendencia sobre el tema. Dice Sater: “ La nueva
doctrina naval de Alfred Thayer Mahan reforzó las lecciones de la Guerra del Pacífico.
Estados Unidos construyó una gran flota, tal vez por inspiración del ejemplo de Chile”
[6]

Emilio Meneses Ciuffardi coincide a grandes rasgos sobre la ya citada percepción
estadounidense sobre la capacidad naval chilena al final de la Guerra del Pacífico y de la
frustración de ese país por no haber podido impedir que el nuestro impusiese sus términos
a Perú y Bolivia al final de ese conflicto [7]

Muchos autores, incluyendo los citados, se han referido al hecho de que Estados Unidos
tuvo, en general, una mayor simpatía por Perú y Bolivia en el conflicto aludido. Sus
acciones como mediador, esperando impedir las pérdidas territoriales peruanas, no
tuvieron resultados. Posteriormente, el gobierno provisional de García Calderón ofreció
ceder una base en Chimbote para Estados Unidos. El contraalmirante Patricio Lynch,
Comandante en Jefe de las Fuerzas chilenas que ocupaban parcialmente Perú se impuso
de los entendimientos entre el gobernante peruano y la diplomacia estadounidense y
dispuso que el blindado “Blanco Encalada” ocupara Chimbote con fuerzas de Infantería
de Marina frustrando igual propósito de la fragata estadounidense “Pensacola” en
diciembre de 1881. La crisis de Panamá ocurrió cuatro años después cuando el crucero
“Esmeralda” ya estaba incorporado a la Escuadra.

Revisando las Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile de 1885 y
1886, nada se dice del viaje del “Esmeralda”. En la parte concerniente a las relaciones
con Colombia se describen los movimientos revolucionarios en varios de sus estados
confederados y se resumen los sucesos con el siguiente párrafo “Contribuyó a la
pacificación de este Estado la presencia de tropas norte–americanas desembarcadas en
los puertos de Colón y Panamá para proteger, según se dijo, el libre tráfico del
ferrocarril intercontinental, conforme a la interpretación dada al artículo 35 del Tratado
de 1846 que liga a Colombia con los Estados Unidos”
[8]. Chile tenía en relaciones
normales con Ministros en Colombia, Ecuador y Perú y cónsules en Ciudad de Panamá,
Buenaventura, Guayaquil y Callao. Llama la atención que estos documentos no se haga
ninguna alusión a las recaladas de este buque en dichos puertos.
Las Memorias consultadas dan cuenta de algunos asuntos pendientes con los tres países
del Pacífico sur ya nombrados. Con Colombia, había preocupación por los chilenos que
trabajaban en la construcción del canal de Panamá y por la actitud de las autoridades de
esa nación con relación al paso de pertrechos de guerra para los beligerantes durante la
Guerra del Pacífico. Chile deseaba que se reglamentase este asunto para el futuro. Con
Ecuador, país de tradicionales buenas relaciones con Chile, se encontraba pendiente la
crisis suscitada por apresamiento de la torpedera peruana “Alay” en aguas ecuatorianas
durante el citado conflicto. Con Perú existían los problemas derivados del término de la
guerra.

Mario Barros en su clásico libro[9] nada dice tampoco del viaje del crucero “Esmeralda”.

LA CRISIS DEL ISTMO DE PANAMÁ

Panamá era uno de los estados que formaban parte de la República Federativa de
Colombia. Geográficamente distante de Bogotá y muy aislado, era alcanzable solamente
por mar. Desde el período colonial gozaba de cierta autonomía y era un importante punto
de tránsito para la producción de plata y oro del virreinato de Perú y para el comercio con
Europa. Ya en el período republicano, las caravanas de mulas que cruzaban el istmo
habían sido reemplazadas por una vía férrea levantada por capitales estadounidenses. Ella
permitía un más rápido transbordo de pasajeros y carga entre los dos océanos. En la
época que nos interesa, una compañía francesa intentaba construir un canal transoceánico
a través del istmo, utilizando la experiencia del canal de Suez. En Estados Unidos se
miraba con preocupación la influencia que ganaría Francia en América, que era además
una potencia en plena expansión colonial en varias partes del mundo. En el país
norteamericano había quienes pensaban que se debía invertir recursos financieros en
construir un paso interoceánico a través de Nicaragua.

En esa época, Chile era uno de los pocos países sudamericanos que gozaba de estabilidad
política. Perú se encontraba sumido en una larga Guerra Civil. En Bolivia y Ecuador
había también inestabilidad. Colombia era un caso especial. Hubo movimientos
revolucionarios en varias áreas de la confederación. En el Estado de Panamá, el
movimiento fue muy violento y con connotaciones separatistas, estimuladas por los
intereses franceses y estadounidenses en juego.

Las convulsiones políticas en el istmo eran frecuentes. Reussner y Nicolás [10] afirman
que entre 1850 (año en que se estableció el ferrocarril) y 1903 (en que se independizó
Panamá) hubo cincuenta y tres movimientos revolucionarios contra las autoridades de
Bogotá. ¡Un promedio de uno al año!

La rebelión de 1885 fue encabezada por Rafael Aizpurú en Ciudad de Panamá (costa del
Pacífico) el 16 de marzo. Los rebeldes aislaron el istmo de las autoridades centrales de
Colombia. La ausencia de fuerzas leales al gobierno federal en Colón (costa del Caribe)
desencadenó una rebelión en esa ciudad. El regreso de las tropas gubernamentales hizo
que los rebeldes incendiaran esta última ciudad. Los sucesos en ambas localidades
panameñas conmovieron a la opinión pública chilena. Sin duda que la perspectiva de una
interrupción de las comunicaciones a través del istmo era preocupantes. Hemos seguido
las noticias publicadas en el diario “La Unión” de Valparaíso durante 1885. Ese medio
de prensa estaba recién creado. La fuente de éstas es una sección que el diario llamaba
“telegramas por el cable submarino vía Galverston”. Los telegramas se publicaban con
fecha y lugar de origen en inglés y se entregaba además su traducción. Otra fuente de
información eran extractos de editoriales o noticias publicados por los diarios de Panamá
y Guayaquil, que llegaban en los buques que hacían el servicio de carga, pasajeros y
correo a lo largo de la costa del Pacífico. Llama la atención la mala calidad del
periodismo de la época. Las noticias se publican sin ninguna elaboración y sin
relacionarlas con reacciones en el plano interno. Las informaciones eran insertadas en
forma dispersa y sin presentar una evolución de los hechos.

A partir del 4 de abril, “La Unión” comienza a publicar cables en que se informa de los
hechos acaecidos en el Estado de Panamá. Muestra en forma fragmentaria los
preparativos estadounidenses para intervenir. Un cable fechado el 31 de marzo dice
“gran indignación ha causado en Colón y en Ciudad de Panamá la actitud indolente de
los buques de guerra surtos en Colón”
. En otro, fechado en Ciudad de Panamá el 2 de
abril, puede leerse que “una Comisión compuesta de residentes estadounidenses ha
telegrafiado al Gobierno de Washington diciendo que sus intereses y vidas corren
peligro y solicitan protección inmediata”
. Otros cables dan cuenta de los movimientos de
tropas y buques destinados a intervenir en la revolución y de las instrucciones para el
comandante de la USS Galena estacionado en Colón. En los días siguientes se dan
detalles del incendio de ese puerto y de la interrupción de las comunicaciones a través del
istmo. En ese mismo período este diario conservador y por lo tanto, tenaz opositor del
gobierno del liberal presidente Santa María, se refiere al rumor sobre intentos de Gran
Bretaña por adquirir el crucero “Esmeralda” para enfrentar una crisis internacional con
Rusia. El diario aprovecha la ocasión, el 9 de abril de 1885, para hacer comentarios sobre
la mala calidad de este buque por su escaso blindaje, aunque le reconoce su buen andar.
La crítica está orientada en contra del Presidente que ordenó su adquisición, ya que hay
consenso de que esta unidad era de muy buena calidad.

La Revista de Marina [11] publicó más adelante el itinerario cumplido por este crucero que
fue enviado a Ciudad de Panamá parta intervenir. Zarpó de Valparaíso el 10 de abril y
llegó a su destino el día 29 después de haber recalado previamente en Callao. Estuvo en
Ciudad de Panamá hasta el 12 de mayo en que zarpó a Guayaquil. En este puerto
Ecuatoriano estuvo entre el 19 de mayo y el 3 de junio. El día 9 de ese mes llegó a Callao
donde relevó a otras unidades chilenas que permanecían en ese puerto observando la
Unión”, en su edición del 28 de abril, publica un informe del comandante del crucero
“Esmeralda” fechado en Callao donde da cuenta de su viaje, del consumo de carbón y
donde anuncia su “zarpe a Panamá a cumplir las órdenes que el Supremo Gobierno ha
tenido a bien encomendarme, después de hacer carbón”
. Tres días después “La Unión”
critica al gobierno por el gasto que involucró el viaje basándose en el consumo de carbón
informado por el comandante López. Un cable fechado en Panamá que da cuenta de la
llegada del crucero “Esmeralda” el 28 de marzo, dos días antes de que las partes, es decir
los rebeldes y el gobierno federal colombiano, llegaran a un acuerdo de paz. El 5 de junio
una noticia del cable dice que oficiales navales estadounidenses que formaron parte de la
expedición a Panamá dijeron que el pueblo estaba deseoso que los Estados Unidos
hiciesen permanente su posesión provisoria de Panamá. Agregaron que en las
circunstancias actuales era imposible que el país permaneciese pacífico por más tiempo.
Doce días después el diario da cuenta de la llegada del crucero a Callao el 10 de junio y
del destierro del general ecuatoriano Eloi Alfaro que tomó parte en una revolución en
Ecuador y en Colombia. Diez días después de esta información, publica un cable fechado
en Washington en que se dice que Estados Unidos tendrá que intervenir nuevamente en
Panamá. En el resto de los ejemplares de ese año “La Unión” no vuelve a publicar
informes del viaje del crucero “Esmeralda” ni de las actividades desarrolladas en Panamá
y en Guayaquil. Curiosamente, la Revista de Marina tampoco se refiere al tema, pese a
que en esos años ubicaba muchos detalles de la actividad naval.

El 28 de mayo de 1885, “La Unión” reproduce un editorial sin fecha de “El Telégrafo de
Guayaquil”. Uno de sus párrafos más importantes dice: ”El buque chileno,
desgraciadamente, llegó al istmo cuando el conflicto había desaparecido por completo,
dejando en la oscuridad o para el porvenir la explicación de una importante incógnita, a
saber, ¿las fuerzas norteamericanas procedieron arbitrariamente o con acuerdo del
gobierno legal? Eso se sabrá en breve, no lo dudamos y eso mismo determinará la
política de las demás naciones americanas, y especialmente Chile, a quien podemos
considerar a la vanguardia, deben adoptar en previsión de las emergencias o
probabilidades del porvenir”
. Sin duda que la presencia del crucero chileno en el puerto
ecuatoriano tiene directa relación con esta publicación.

Emilio Meneses [12], citando fuentes estadounidenses y un informe del comandante López
fechado en Callao el 9 de junio de 1885 nos entrega mayores antecedentes sobre el
asunto. La reacción estadounidense se manifestó el 7 de abril cuando llegó el USS
“Shennandoah” a Ciudad de Panamá y tres días después comenzaron a llegar otras
unidades de ese país a Colón. El 27 de abril los infantes de marina estadounidenses
desembarcaron en Ciudad de Panamá. Al día siguiente llegaron tropas federales
colombianas provenientes de Buenaventura. El 28 de abril, día del arribo del crucero
“Esmeralda” a ese puerto, se iniciaron las conversaciones entre los rebeldes, el
comandante de las fuerzas estadounidenses y los jefes de las fuerzas federales
colombianas. Con ello la crisis se fue atenuando. El comandante López manifiesta su
extrañeza porque las autoridades colombianas no se aproximaron a él. También informa
que su buque fue objeto de numerosas visitas de oficiales estadounidenses preocupados
por conocer detalles de sus características. Termina Meneses diciendo que “la visita del
Esmeralda causó bastante curiosidad y preocupación a las autoridades navales de
Estados Unidos y Francia en relación a los motivos que tenía Chile para enviar ese
buque “
. Más adelante dice: “El viaje...... no se tradujo en una intervención chilena a
favor de los intereses colombianos, entre otros motivos porque ellos ya no corrían
peligro, pero su presencia dejó claramente establecido cual potencia disponía de la nave
más poderosa, si las circunstancias lo requerían. La Armada de Chile estaba consciente
de la utilidad del empleo político de los medios navales y el razonamiento que llevó al
comandante López a no actuar precipitadamente indica un elaborado juicio político para
evaluar la situación que encontró al llegar a Panamá. La meta de los marinos chilenos
no era demostrar que podía físicamente imponerse a eventuales rivales, sino velar
porque los intereses de Colombia estuviesen debidamente resguardados”
.

Rodrigo Fuenzalida Bade nos da una versión algo diferente de los hechos [13]. Dice en la
biografía del comandante López “Al tomar el mando de la “Esmeralda” (sic), el más
poderoso buque en la costa del Pacífico en ese momento, López fue comisionado para
dirigirse a Panamá y visitar Guayaquil y El Callao. Estados Unidos amenazaba la
integridad de Colombia y podía bombardear Guayaquil si no se aceptaban ciertas
exigencias. Como segundo llevó López al capitán Alfredo Marazzi que dominaba el
idioma inglés.

A cien millas de la costa de Chile abrió López un sobre cerrado con las instrucciones del
Gobierno de Chile. Ellas decían: “Tiene Ud. carta blanca para hacer lo que quiera”
.
En 1885 durante la revolución de Aizpurú en Panamá y Prestán en Colón, fondeó en
Panamá donde supo que Estados Unidos había tomado posesión de Colón y proyectaba
apoderarse de Panamá, dirigir la política interna de Colombia y cambiar autoridades
para iniciar después la gigantesca obra que se realizó después con la apertura del Canal
de Panamá. Se consultaba también el bombardeo de Guayaquil en caso que Ecuador se
opusiera estos proyectos. Resuelto a defender los principios de confraternidad
hispanoamericana, audaz e inflexible, anunció que en nombre de Chile tomaría posesión
de Panamá para resguardar el orden tal como lo había hecho la Escuadra
norteamericana en Colombia en la revolución contra el Presidente Rafael Nuñez en
1884.
Transcurrido el plazo de notificación, desembarcó tropas y ocupó la plaza de
Panamá, produciendo una notable impresión
. Un almirante francés le insinuó que podía
ser atacado por los buques norteamericanos pero López no se inmutó. Yo no
abandonaré Panamá mientras las fuerzas de los Estados Unidos no hayan abandonado
Colón, fue la respuesta del jefe chil
eno. Días más tarde, la Marina de Estados Unidos
reembarcaba sus fuerzas en Colón, a la vez que los marinos chilenos hacían lo mismo en
Panamá, devolviviéndole su integridad y regresando a bordo del “Esmeralda”
. Cabe
hacer presente que cuando este autor escribe Panamá, se está refiriendo a la ciudad–
puerto de ese nombre ubicada en la costa del Pacífico y no a todo el estado.

El ya citado Alberto Silva Palma da una versión diferente de la anterior. Dice, después de
referirse del episodio de Chimbote: “Posteriormente, cuando llegó la nueva
“Esmeralda” a relevar a la gloriosa de Iquique, sobrevino en Panamá una revuelta que
reclamaba en aquel lugar la presencia de una nave chilena para defender la
territorialidad de aquel Estado. Esa “Esmeralda”, el crucero más rápido a flote en
aquella época, haciendo uso de sus buenas condiciones de andar, al mando del capitán
J. E. López, fue comisionado para que, a la brevedad posible, llegase a aquel escenario
de disturbios.

A su arribo, supo con sorpresa que ya los americanos habían desembarcado al otro lado
del istmo, en Colón, fuerzas de desembarco con la intención de ejercer dominio o presión
sobre uno de los contendores o con el objeto de guardar o resguardar los intereses
americanos.

De este lado, en Panamá, el capitán López, poniéndose al habla con el comandante de
una corbeta francesa, y como jefe más caracterizado, comunicó al jefe de las fuerzas
americanas en Colón, que si ellas no eran embarcadas, él se vería obligado a
desembarcar igual número en el puerto de Panamá. Planteada la cuestión de esta forma,
si no se retiraban los americanos, el asunto podía complicarse. La justicia de esta actitud
o quizás la conveniencia de no indisponerse con las naciones de Sud–América, que por el
momento estaban mejor armadas que ellos, resolvieron embarcar sus tropas, quedando
con esto concluida la intervención extraña, en este asunto interno de un país
independien
te”
.

UN TESTIMONIO DIRECTO

El informe del comandante del crucero “Esmeralda”, capitán de navío Juan Esteban
López Lermanda es un extenso documento manuscrito, redactado en Callao, al finalizar
la comisión a Panamá y Guayaquil [14]. En él no señala en detalle la misión que recibió
pero dice que está escribiendo en virtud de “la parte final de las instrucciones en que se
prescribe hacer una memoria sobre los informes que se obtengan....”
. La frase, con las
negrillas agregadas, da a entender que la misión estaba relacionada con el conocimiento
de la situación real en el istmo y en las demás áreas del Pacífico sudamericano. El
informe se extiende en numerosos detalles que corroboran esta impresión. A la llegada
del crucero a Panamá, el 28 de abril de 1885, se encontraban en este puerto las siguientes
unidades navales: tres buques franceses, uno de los cuales enarbolaba la insignia del
almirante que comandaba la estación naval en el Pacífico, uno inglés y dos
estadounidenses. Otra unidad de este país llegó pocos días después. Asimismo, arribó
desde Buenaventura (Estado de Cauca) la cañonera colombiana “Boyacá” trayendo a
remolque un pontón. Estas naves traían una fuerza militar, al mando del general
Montoya, con el propósito de restablecer el control de las autoridades federales
colombianas en el istmo de Panamá.

Las tropas rebeldes, al mando del general Aizpurú, eran de una fuerza similar y tan mal
equipadas y entrenadas como las tropas federales, según la apreciación del comandante
López. “En la estación del ferrocarril y protegiendo el tráfico del istmo, se encontraban
acantonados fuerzas de los Estados Unidos de Norteamérica compuestas de tropas de
marina venidas desde Nueva York y de parte de la marinería de los buques anclados en
Panamá. En Colón había una pequeña fuerza del ejército nacional apoyados por fuertes
destacamentos de tropas norteamericanas”
. Esa era la situación a la llegada del crucero
“Esmeralda”. El comandante López narra que, tanto el almirante francés como los
comandantes estadounidenses e inglés, procuraron informarse de los motivos de la
presencia del buque chileno. Él hizo lo mismo en estas conversaciones, en sus contactos
con el Cónsul de Chile en Ciudad de Panamá y en otros contactos. Le llamó la atención
que “ni las autoridades que mandaban en tierra ni las que dominaban la bahía,
procuraban entrar en contacto con nosotros ni con los demás buques de guerra que
habían en los puertos”. Indudablemente que se refiere a los dos bandos colombianos en
pugna. “Como los acontecimientos iban a tener un próximo desenlace, creí conducente y
prudente abstenerme de comunicarme con ninguna de las partes beligerantes y esperar
el desenlace para proceder”
.

Pasa enseguida el comandante del crucero “Esmeralda” a explicar la situación general en
la época de su arribo. “Existen en Panamá dos grandes empresas que se disputan la
preponderancia en el istmo. La Sociedad Universal del Canal Interoceánico y la del
ferrocarril que lo atraviesa; entre ambas dan vida por completo a todo el movimiento
comercial de aquellos lugares; tienen en juego grandes capitales: dispone de un
numerosísimo personal y casi nadie ni nada se mueve en aquellos pueblos sin que tenga
relación con estas dos grandes empresas o sin que estén ligadas a ellas por algún
vínculo”
. Más adelante dice que ambas compañías tiene capitales en común pero
directorios separados. En la primera había mayoría francesa y en la segunda,
estadounidense. Existía una gran rivalidad entre ambos grupos. “El día que se una la
dirección de las dos compañías, no se hará en el Estado de Panamá más que su exclusiva
voluntad, poniendo y removiendo autoridades a su antojo”
concluye esta parte del
informe. Más adelante dice que la enajenación de la compañía del ferrocarril (o su
absorción por la del canal) implicaría una fuerte indemnización al gobierno de Colombia,
de acuerdo al convenio suscrito cuando fue creada. También implicaría la pérdida del
control estadounidense de dicha vía férrea. Por ello, se mantienen independientes ambas
empresas pese a que tienen accionistas en común.

Más adelante el informe resalta que la población del istmo es cosmopolita, siendo una
minoría los colombianos prominentes. A esto “se agrega una indiferencia y alejamiento
del gobierno general que toca ya en el desquiciamiento, con leyes que son letra muerta,
con la justicia que es solo una fórmula .....”
El gobierno colombiano de Panamá bien
poco se preocupa, continua haciendo ver el Comandante chileno. “Sin fuerza y poder
para reprimir los males, ni para hacer bien a la comunidad y con su residencia a gran
distancia, hace que los habitantes de aquella ciudad sepan más de Chile con quien tienen
fáciles vías de comunicación y mucho más con Nueva York, de donde solo distan ocho
días, que del gobierno de la capital”
. Las continuas revueltas y su represión por tropas
traídas desde Buenaventura (Estado de Cauca) o Cartagena “ha hecho que se produzca
un odio profundo entre ellos..
. (entre colombianos de Panamá y de los otros estados )....
y si a esto se agrega la indiferencia por la cosa pública.......resulta que los gobiernen los
caucanos o los dominen los norteamericanos, para ellos (los panameños) le es
indiferente. El espíritu patrio está muerto y no hay allí otro motor que el dinero de las
dos grandes empresas y de la voluntad de sus directores”
.

Luego el informe entra en un tema del más alto interés. Sostiene que en un tiempo no
muy lejano el istmo formará parte de los Estados Unidos al ser vendido por Colombia.
No cree que este sea aún el momento oportuno para la anexión porque Estados Unidos no
cuenta con el poder naval en el Atlántico frente a las potencias europeas ni en el Pacífico.
Resalta que los diarios serios de Nueva York editorializan sobre la presencia del
“Esmeralda” en Ciudad de Panamá, lo que es reproducido en el diario “La Estrella de
Panamá”, pero que este tema no alarma ni a los pueblos ni a las autoridades locales como
tampoco el hecho que en la isla Flamenco hay una factoría de una empresa
estadounidense donde no se admite ni la policía ni las autoridades colombianas.

El comandante López pasa enseguida a narrar algunos pormenores de la revolución en
curso. Dice que el Presidente del Estado de Panamá, general Santo Domingo Vila,
decidió expedicionar con sus tropas sobre Cartagena que se había insurreccionado contra
el gobierno federal colombiano. La ausencia de tropas gubernamentales en Colón hizo
posible la insurrección de Pedro Prestán en ese puerto. Era auspiciado por la compañía
del canal en construcción. Los revolucionarios encargaron armas a Nueva York, al mismo
tiempo que conferenciaban con un buque de guerra estadounidense asegurando que el
libre tránsito a través del istmo se mantendría. Cuando llegaron las armas, el comandante
estadounidense se opuso a su desembarco. Prestán respondió tomando de rehén a uno de
los oficiales de ese buque y amenazó con incendiar la ciudad. Se cree que la actitud del
comandante estadounidense fue incentivada por la compañía del ferrocarril, rival, como
ha sido dicho, de la compañía del canal. El asunto se arregló con un permiso para un
desembarco parcial de armas a cambio de la libertad del oficial. Entretanto, las
autoridades colombianas de Ciudad de Panamá organizaron una fuerza que, trasladada a
través del istmo por medio del ferrocarril, venció a las tropas de Prestán que antes de
abandonar Colón procedieron a incendiar y saquear la ciudad hasta que ingresaron las
tropas gubernamentales y las que desembarcó el buque estadounidense. Poco después y
aprovechando la ausencia de fuerzas del gobierno central colombiano en Ciudad de
Panamá, estalló una insurección encabezada por Rafael Aizpurú en este puerto del
Pacífico. Se dice que éste caudillo era amparado por la compañía del canal, tal como las
tropas que derrotaron a Prestán en la costa caribeña lo eran por la compañía del
ferrocarril.

Las fuerzas leales al gobierno central colombiano y las estadounidenses, que fueron
llegando desde la zona atlántica, solicitadas por dichas autoridades en vista de que la
revolución había estallado en varios de sus estados, quedaron aisladas en Colón.

La compañía del ferrocarril movió sus influencias para hacer que aumentase la presencia
de fuerzas estadounidenses en Ciudad de Panamá, en manos en ese momento de Aizpurú.
Cuando éste supo de estas gestiones y de que el gobierno central colombiano estaba
organizando una fuerza en Buenaventura para terminar con su insurrección, procedió a
levantar barricadas en las calles, lo que alarmó a los habitantes, temiendo que se
repitiesen los sucesos de Colón. En esas circunstancias, intervinieron fuerzas
estadounidenses que estuvieron apunto de trabarse en combate con las de Aizpurú.
Finalmente, los norteamericanos lograron que el líder revolucionario cediera y se
comprometiera a no combatir en la ciudad, habiendo llegado en esos días la fuerza
enviada por el gobierno central colombiano desde el Estado de Cauca (Buenaventura).
Los estadounidenses se retiraron de la ciudad y Aizpurú llegó a un acuerdo con las tropas
colombianas que, mandadas por el general Montoya, tomaron posesión de Ciudad de
Panamá el 30 de abril de 1885, dejando en libertad al citado caudillo y sus seguidores. El
comandante López, que había llegado dos días antes con el crucero “Esmeralda”, dice
que visitó al nuevo gobernante “ para manifestarle los deseos del gobierno de Chile por
la conservación de la paz en el istmo y lo sensible que habían sido las desgracias
ocurridas en Colón. No creí conveniente hacer otras manifestaciones, tanto porque los
acontecimientos estaban terminados, cuanto por que vi que las autoridades colombianas
se encontraban íntimamente ligadas con las de Estados Unidos; sin embargo, antes de
separarme, le signifiqué el buen espíritu de que me encontraba animado para el caso de
que se nos creyese útiles”
. Se extiende el autor más adelante en los detalles de las
consideraciones guardadas por los estadounidenses respecto de las autoridades y fuerzas
colombianas recién llegadas. Simultáneamente da cuenta del desagrado del almirante y de
los ciudadanos franceses por la escasa influencia que tuvieron en los sucesos y de los
avances de la influencia estadounidenses. Se llegó a sostener que todo fue premeditado,
dada la celeridad con que llegaron las fuerzas de Estados Unidos. López dice
textualmente: “ Los Norteamericanos repiten a quien quiera oirles que no permitirán que
nación europea alguna intervenga en los asuntos de América y agregan que son bastante
poderosos para garantir los intereses de los Sud Americanos y de los extranjeros
residentes en el continente.”


El informe se extiende más adelante en la situación de los chilenos en Panamá, en las
malas condiciones de desarrollo de las ciudades de esta zona, en las pocas posibilidades
de éxito de las excavaciones que hacía en esa época la compañía que construía el canal,
ya sea por falta de recursos financieros o por el mal trazado de las obras. Se refiere
también a las penosas condiciones en que se desarrollan los trabajos, en un clima tropical
inhóspito, favorable a toda clase de enfermedades con una alta tasa de mortandad. Los
trabajadores más resistentes parecían ser los jamaicanos de origen africano.
“ Dando por terminada mi misión en Panamá, dejé aquella bahía el 12 de mayo al
mediodía y haciendo rumbo al puerto colombiano de Buenaventura, donde fondeamos en
la desembocadura del río en la noche del 13”
. La estadía se limitó a permanecer en ese
punto, ya que al comandante no le mereció confianza el práctico que debería haberlo
asesorado para llevar al crucero hasta la ciudad. Por ello se limitó a enviar embarcaciones
y recibir noticias para luego zarpar a Guayaquil.

Una vez en el puerto ecuatoriano, se reunió con la corbeta “Chacabuco” cuyo
comandante le hizo notar que “había una pequeña preocupación por la visita que hacían
nuestros buques, suponiendo que tratábamos de inmiscuirnos en sus asuntos políticos”
.

El comandante López se extiende en su informe sobre la alarma que existía en la
población y las autoridades de Guayaquil respecto a una posible intervención
estadounidense en sus asuntos. Además, se refiere al estado de intranquilidad interna en
Ecuador y a la pugna entre Guayaquil donde dominaban los elementos liberales y Quito
donde lo hacían los conservadores. Los gobiernos de Ecuador y Colombia estaban de
acuerdo en vigilar los exiliados de los respectivos países para evitar que intentaran
nuevos movimientos para alterar la vida política. El conflicto con Estados Unidos
derivaba del hecho que tropas leales al gobierno ecuatoriano en ejercicio había destruido
la propiedad de un ciudadano estadounidense que estaba además preso por su
participación en un movimiento revolucionario. El gobierno estadounidense reclamaba la
libertad de dicho ciudadano y la indemnización de los daños. En esos días circuló el
rumor de que había fondeado en la isla Puná un buque de ese país con un ultimátum y
amenaza de bombardeo de Guayaquil. El gobierno de Quito había sido presionado para
resolver el asunto por medio de su representante en Washington. El comandante del
crucero “Esmeralda” fue invitado por el Gobernador de Guayaquil para analizar estos
asuntos. Después señalar lo anteriormente resumido, le solicitó “ que para evitar que el
pueblo fuese quemado, esperaba que yo interpusiese mi influjo y el poder de nuestro
buque para impedir tan graves males, previniéndome que por cable se había impuesto a
su Ministro en Santiago de lo sucedido para que se me diesen instrucciones.....”
El
comandante López contestó que “no participaba de los temores del señor Gobernador y
que si algo grave había, el Gobierno de Chile tendría anticipado conocimiento.....y daría
oportunas instrucciones a su Ministro en Quito....” Continua diciendo el Comandante “
.... le hice presente, a la vez, sobre lo inverosímil del proceder que se atribuía al
Gobierno de Estados Unidos en un asunto que sin duda tenía muchas facilidades para
ser arreglado amigablemente antes de ordenar que se quemase a Guayaquil....”.
El
Gobernador insistió en sus temores dado que el gobierno ecuatoriano no estaba dispuesto
a entregar al prisionero estadounidense por un principio de autonomía. El Comandante
contra argumentó diciendo que consideraba las amenazas estadounidenses “como un
apremio para obtener lo que se pretendía, pareciéndome difícil que se llevase al terreno
de los hechos”
.

Otro tema de análisis fue la preocupación del Gobernador porque la prensa de Panamá se
manifestaba favorable a la intervención estadounidense en el istmo. López sugirió que la
prensa local refutase tales opiniones lo que ocurrió pocos días después. También le pidió
la opinión para la defensa de Guayaquil. El crucero, de acuerdo con el informe, continuó
dicho puerto ecuatoriano hasta apreciar que la amenaza no se cumplía. Zarpó cuando el
Comandante apreció que la salida no podría ser interpretada como que “procurábamos
esquivar nuestros servicios a un pueblo de una república amiga; así fue que nuestro
alejamiento de la ría se vio con pesar, pues aquella ciudad tenía cifradas esperanzas en
el crucero para que lo salvase en el caso que llegase el conflicto”
.

Después de elogiosos comentarios sobre la laboriosidad de Guayaquil y la buena
señalización marítima del litoral ecuatoriano, el Comandante finaliza su largo informe
con estos comentarios “habiendo tenido lugar nuestro arribo a Panamá cuando la
mayor parte de los acontecimientos se habían desarrollado y encantando el Istmo
ocupado por fuerzas norteamericanas con aquiescencia de las autoridades de Colombia,
mi misión se simplificó como puede verse en este pequeño trabajo que espero sea del
agrado del Supremo Gobierno, contando con la especial benevolencia de US.


COMENTARIOS FINALES

Al analizar las actividades del crucero “Esmeralda” en aguas peruanas, colombianas y
ecuatorianas entre abril y junio de 1885, pueden señalarse las contradicciones existentes
en las fuentes consultadas. El informe del comandante López en ninguna de sus páginas
señala haber desembarcado tropas en Ciudad de Panamá. El buque chileno actuó más
bien por presencia, fundamentalmente porque las autoridades colombianas nada le
pidieron. Su actuación puede encuadrarse en lo que se denomina presencia naval, es decir
mostrar la bandera y el poder naval para promover el interés nacional. En el caso de
Panamá, la interrupción de las comunicaciones a través del istmo, representaban una seria
amenaza para Chile y su comercio. En el caso de Ecuador, se trataba de apoyar a un país
amigo.

Sobre los efectos de esta presencia naval comenta el comandante López que fue muy
positiva en los chilenos dispersos en los diferentes países visitados e impresionante para
los peruanos, que veían que Chile mantenía, e incluso incrementaba, su poder naval
habiendo finalizado recientemente la Guerra del Pacífico y existiendo asuntos pendientes
derivados de ella. En Panamá, dice el informe, “el aplauso fue unánime; la prensa se
ocupó muchas veces de nuestro buque, llamando la atención sobre esta máquina de
guerra, como la más poderosa y rápida que en su clase se hallaba a flote. Los oficiales
norteamericanos de las estaciones navales de uno y otro océano, no satisfechos con las
repetidas vistas que se hacían para conocer el buque, tomaban croquis y apuntes de sus
más insignificantes detalles
.

Si el propósito de la comisión fue la presencia naval, puede decirse que la cumplió. Si el
fin era restablecer el orden en el istmo, no se logró ya que era innecesario, porque a la
llegada del crucero chileno, las fuerzas estadounidenses y del gobierno federal
colombiano ya lo habían logrado. En Ecuador, la presencia puede haber moderado a las
partes en conflicto.

El informe del comandante López, al no corroborar algunos aspectos tratados en otros
textos citados, hace dudar de la exactitud lo expuesto en ellos y señala la necesidad de
acudir a las fuentes directas. La continuación de la búsqueda de antecedentes en archivos,
memorias y otros diarios podría permitir ahondar en el tema.

Esta investigación también ha permitido detectar lo incompleto que es el Archivo de la
Armada. No hay antecedentes del año 1885 y el informe del comandante López, pieza
fundamental para esta monografía, debió ser ubicado en el Archivo Nacional.

Para cerrar por el momento este asunto, diremos que en el trabajo de un historiador
parece no haber nada definitivo.


Bibliografía

[1] En la sección “Movimiento del Material de la Armada” en Revista de Marina. Tomo I ,
1ª. Parte. Julio 1885.66 se señalan las fechas más importantes de esta comisión.
Curiosamente en las Memorias de Marina de 1885 y 1886 nada se dice sobre ella.
Solamente se informa, al igual que en las Revistas de Marina 1885–1886, que este buque
se encuentra “de estación” en El Callao, donde incluso fue sometido a carena en el dique.

[2] López Lermanda, Juan Esteban. “Mis recuerdos de la Guerra del Pacífico de 1879”.
Imprenta Universitaria. Santiago de Chile. 1910, 92.

[3] Silva Palma, Alberto. “Crónicas de la Marina Chilena”. 2. Ed. Talleres del estado
Mayor General, 1913. En este libro de narraciones misceláneas inserta un capítulo
titulado “La Escuadra Americana”. Dentro de él narra las actividades del crucero
“Esmeralda” en Panamá , 235. También se refiere a la intervención del “Blanco
Encalada” durante la Guerra del Pacífico para oponerse al establecimiento de una base
estadounidense en Chimbote, mientras Perú se encontraba ocupado por Chile en 1882.

[4] Benjamín Vicuña Mackenna. “ El Reparto del Pacífico. La posesión de la isla de
Pascua”. En: Revista de Marina. N0.1/ 188585. Este mismo artículo fue reproducido cien
años después, en el ejemplar 3/1995291.

[5] Sater, William F. “Chile and the United States. Empires in Conflict”. The University of
Georgia Press. Athens, Georgia. USA. 1990. El tema que nos ocupa es analizado en el
capítulo “Chile confronta a Estados Unidos 1884–1891.” 51–68.

[6] Sater.Op.cit.53.

[7] Meneses Ciuffardi, Emilio. “El factor naval en las relaciones entre Chile y Estados
Unidos”. Hachette. Santiago. 1989.

[8] Meneses Ciuffardi, Emilio, “Memoria de Relaciones Exteriores 1885,” 117–178.

[9] Barros van Buren, Mario. “Historia Diplomática de Chile. 1541–1938”.Ediciones
Ariel. Barcelona. 1970.

[10] Reussner André y Nicolas L. “La Puissance Navale dans L’Histoire”. Editions
Maritimes et d’outremer. Paris. 1963.

[11] Reussner André y Nicolas L. “Movimiento del Material de la Armada”. En: Revista
de Marina. Julio. 1885, 66.

[12] Meneses. Op. cit., 66

[13] Fuenzalida Bade, Rodrigo. “ La Armada de Chile. Desde la Alborada al
Sesquicentenario”. Imprenta de la Armada. 1975. En este libro el autor no se extiende
demasiado en los hechos como en “Marinos Ilustres y Destacados del Pasado”. Sipimex.
1985, 112, donde su versión difiere de las anteriormente citadas sin señalar en un
movimiento revolucionario sus fuentes.

[14] Archivo Nacional. Fondo Ministerio de Marina. 1885. Informe del Capitán de Navío
Juan Esteban López Lermanda fechado en Callao, 9 de junio de 1885. 44 páginas.
Inédito.


http://www.ijnhonline.org/wp-content/uploads/2012/01/pdf_tromben_spanish.pdf











El Izumi, ex- Crucero Esmeralda, de la Armada Imperial de Japón





Espero que haya sido un aporte, si algunos no conocían esta poco difundida historia de nuestra Armada

Saludos


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EL CRUCERO ESMERALDA Y SU MISIÓN EN EL ITSMO DE PANAMA (1885)
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